Juzgando a Ana Julia Quezada en televisión: ¡matad al monstruo!

ana-julia-quezada-entrando-en-los-juzgados

Un periodista no es el juez de la horca, creo yo, sino alguien que va a los sitios y cuenta a los demás lo que ve. Construye un relato lo más ecuánime posible incluso si se trata de la historia de un crimen. ¿Y si es el asesinato de un niño? ¿Cómo no desear lo peor a quien ha quebrado la vida de una criatura que tenía toda la vida por delante? Bueno, va en el sueldo del periodista eludir esa tendencia absolutamente humana a la venganza, y aportar honestidad y retratar sin maniqueismos incluso al criminal. ¿Es lo que hacen las televisiones? No exactamente.

Véase el juicio de Ana Julia Quezada. Ella asegura que mató al pequeño Gabriel por accidente, en un arranque de ira. La acusación y la policía tienen claro que lo asesinó y que hubo cálculo en su crimen. Un tribunal tendrá que dictaminar qué sucedió realmente. Pero los reporteros y analistas de las principales televisiones ya tienen claro lo que pasó y no se trata, entonces, de ir desgranando las novedades del juicio sino de agitar las antorchas de la masa enfurecida que grita: ¡matad al monstruo!

Y, sí, puede que Ana Julia Quezada sea un monstruo. Pero no es la principal labor de un periodista insistir en ello sino aportar detalles que hagan de un relato de horror una historia profundamente humana.

Por el contrario, sorprendemos a un reportero en un desliz racista y despectivo: "Hemos visto a la negra vestida de blanco". Y a cronistas que hablan de Ana Julia Quezada como "encarnación del mal", dándose tanto a la mala praxis como a la mala literatura.

Es el periodismo populista de toda la vida, el de El gran carnaval y Primera plana, ambas obras maestras de Billy Wilder. El sensacionalismo que no cesa sino que toma dimensión de plaga en algunos espacios. Pero también se pueden hacer las cosas, bien, ¿eh? La crónica de sucesos no ha de ser siempre mera pornografía que pone la lupa para ver de cerca el pus en las heridas de las víctimas.

Durante la larga espera del rescate de Julen, el niño que se cayó a un pozo, básicamente se trataba de repetir una y otra vez, de un punto de directo a otro y vuelta al plató: "La familia está destrozada, la familia está destrozada, la familia está destrozada". Una evidencia que no va a ninguna parte. Pero nos gusta contemplar el abismo. El ser humano se caracteriza por su curiosidad casi enfermiza. En esa frontera difusa ejercemos el oficio de escribir noticias.

No obstante, hay algo de malsano en la querencia de cierto periodismo por los peores sentimientos.¡Matad al monstruo! exige la masa. Prisión permanente revisable. Pena de muerte. Tertulianos que cargan contra la presunción de inocencia. ¡Ni juicio ni nada! Porque ellos saben. Ellos han decidido. A mí la Guardia Civil me ha dicho. Yo tengo conocimiento de que. El derecho a un juicio justo resulta excesivo para algunos de estos incendiarios. Preferirían la ejecución fulminante. Porque ellos saben. A mí la Guardia Civil me ha dicho. Yo tengo conocidimiento de que.

La piedad hacia Gabriel, el niño asesinado, conecta con lo mejor de nuestra especie. El automatismo por el cual querríamos torturar y matar a Ana Julia Quezada, sin mirar ni un momento otra opción que su culpabilidad, nos hace peores.

Que la encierren. Mató a un  niño. Pero respetemos que tenga un juicio justo. No hace falta vociferar en los platós. Se la está juzgando. Ya escucho al tertuliano de guardia escupir la palabra buenismo a modo de réplica insultante. Opiniones neolíticas y justicieros de debate televisivo. Y luego, dentro de unos cuantos años, haremos un documental tan bueno como el de Netflix sobre el caso Alcasser y nos asombraremos de nuestra brutalidad. Qué cosas.

DANIEL SERRANO

ADEMÁS: Periodismo de sucesos y una pintada que no es lo que parece: 'Vais a moror todis'

Foto: Gtres