Sálvame: razones para un inacabable éxito televisivo

Recomendaba Lenin acometer "el analisis concreto de la situación concreta" y con Sálvame hay que proceder de manera leninista y que no nos ciegue su hedor a escándalo, barbarie, machismo (lo dijo Paula Vázquez con toda la razón) y crueldad con el débil. O sea, que todo lo anteriormente mencioando está dentro de Sálvame pero también unas formidables dosis de entretenimiento mediante un formato de conversación alrededor de la mesa camilla que vitaminan al público y le seducen, qué se le va a hacer, ya nos gustaría que la gente viese películas de David Lynch después de comer.

Resumiendo: Sálvame es un artefacto televisivo prodigioso, ganador, indestructible y, encima, capaz de derrotar a Pasapalabra cuando (por enésima vez) Mediaset hace de la necesidad virtud y coloca a Jorge Javier Vázquez y sus huestes a competir con el concurso que antes presentaba Christian Gálvez y ahora está en Antena 3justo antes de la homilía de Vicente Vallés. Antena 3 se quedó con Pasapalabra y Paolo Vasile, con su astucia habitual, alargó Sálvame y ahora Sálvame triunfa en la franja en la que antes estaba el rosco famoso. Qué vida esta.

Últimamente se ha convertido Sálvame en una tertulia política a voces pero no veo demasiada diferencia entre lo que dicen Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez con el nivel de algunas broncas en La Sexta Noche. ¿O me van a decir que Eduardo Inda tiene más nivel que la "princesa del pueblo" cuya inminente boda, según me ha parecido ver en la portada de una revista, será por la Iglesia (como Dios manda)?

Y aunque nos fastidie a los elitistas que preferiríamos en la tele a Daniel Bernabé resulta que el discurso de Jorge Javier Vázquez contra la ultraderecha resulta de lo más pedagógico para esa masa que se sienta toda la tarde a ver qué pasa en el plató y posee limitados conocimientos políticos. Daniel Bernabé también se lo explicaría muy bien, conste, pero de momento tenemos lo que tenemos: Jorge Javier.

Belén Esteban, por su parte, representa a esa España cuya mala uva conduce a tirar piedras contra un gobierno que ha tenido que enfrentarse a la mayor amenaza de salud pública desde hace cien años. Una España ágrafa que, sin embargo, también tiene su corazoncito y si no, espérate, dentro de unos días veremos a Belén Esteban emocionándose hasta las lágrimas y nos emocionaremos con ella, sniff. Una España facha y proletaria, nada que ver con Núñez de Balboa, dónde va a parar. Y Belén Esteban tampoco quiere hacer daño aposta.

Ella no es Javier Negre, Alvise o Cake Minuesa, por poner tres ejemplos procedentes del Arkham Asylum en el que pena cierta ultraderecha patria en los subterráneos de "la Internet". Al lado de Matthew Bennett.

Pero lo de Sálvame tiene su mérito. Resulta un formato insumergible en cuanto a audiencia porque se adapta a cualquier situación. Es gente hablando y sus creadores son suficientemente hábiles para que se hable de amoríos, vilezas de reality y también, claro, de política. ¿Por qué no?

Nada de lo humano le es ajeno a Sálvame.

Los de La Fábrica de la Tele lo tienen claro.

Y así han consolidado un éxito permanente, que bien pudiera ocupar la parrilla entera de Telecinco y seguramente funcionaría. Sálvame en verano es como sacar las sillas a la calle en los pueblos, a la fresca, y ponerse a escuchar de qué está hablando el personal. La mayor parte de las veces se diserta sobre cosas banales y se contemplan actitudes malignas de modo predominante. Entre quienes hacen televisión existe el convencimiento de que los malos sentimientos funcionan mejor como espectáculo más que la sencilla bondad. Pudiera ser. O pudiera ser que la gente que hace televisión es malvada. Eso no lo creemos porque también hacen televisión Buenafuente y Berto Romero, que son excelentes personas.

Sea como fuere, ahí tenemos a Sálvame como buque insignia de Telecinco, haciendo audiencia, sin detenerse un solo momento. Ni durante lo más crudo de la pandemia se detuvo la máquina. Fíjate que Radio 3 hubo unos días en que emitía programas enlatados y los culturetas decrépitos como yo pensamos que aquello era el fin del mundo y ponías la tele y ahí estaba Jorge Javier, la Patiño, todo el mundo, como si no pasara nada. 

Y así Sálvame sigue ganando.

Mal que nos pese.

DANIEL SERRANO

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